‘THE OMEN’, 50 AÑOS DE UNA MAGISTRAL PIEZA DEL CINE DE TERROR

En junio de 1976, se estrenó en cines una película sobre el nacimiento del Anticristo que cambió para siempre el panorama del terror religioso. Cincuenta años después, The Omen sigue siendo uno de los clásicos más influyentes del género, gracias a las interpretaciones de Gregory Peck y Lee Remick, la monumental banda sonora compuesta por Jerry Goldsmith y, sobre todo, la inquietante figura de Damien Thorn.

 

 

Richard Donner es conocido principalmente por dirigir una serie de comedias de acción memorables y entrañables, como The Goonies (1985), Superman (1978) y la saga Lethal Weapon . Su primera incursión en el género, The Omen, es una crítica calculada y metódica de la religión organizada. La película se inscribe en la misma línea que Rosemary’s Baby (1968) y The Exorcist (1973), al utilizar a un niño como vehículo para transmitir alegorías sociales y simbolismos religiosos malditos. Y, sorprendentemente, cincuenta años después, la película sigue siendo tan efectiva y aterradora como lo fue en los años setenta.

La historia de The Omen comienza con una premisa tan brutalmente simple que resulta devastadora. El diplomático estadounidense Robert Thorn pierde a su hijo recién nacido en Roma y, persuadido por un sacerdote, acepta reemplazarlo con otro bebé cuya madre supuestamente murió durante el parto esa misma noche. Su esposa, Katherine, nunca descubre la verdad, y el niño crece como el legítimo heredero de una poderosa familia. Su nombre es Damien. Durante varios años, todo parece normal hasta que una serie de sucesos cada vez más siniestros comienzan a rodearlos. Un sacerdote desesperado afirma que el niño es el Anticristo. Sin embargo, la fuerza de la película reside en la resistencia de Thorn a creerlo, porque el horror surge del choque entre la incredulidad racional y lo imposible.

 

 

El tono difuso y la atmósfera inquietante de la película son un claro indicio del cine de terror de los setenta. Repleta de mensajes alarmistas sobre el anticristianismo, la película sigue siendo atemporal y relevante en la cultura actual. Gregory Peck ofrece la que posiblemente sea su mejor actuación, sin caer en el dramatismo ni la ostentación. La sutileza de sus expresiones faciales de horror mientras su vida se desmorona lentamente es notable. Las impactantes y brutales muertes de The Omen funcionan aún mejor gracias a la atmósfera de paranoia y pavor inminente que impregna la película.

Pero si hay un elemento que eleva el film por encima de sus contemporáneos, ese es la música de Jerry Goldsmith, con su inolvidable partitura coral Ave Satani. Una banda sonora que, con sus coros en latín y su carga sacrílega, convirtió el número 666, símbolo del Anticristo, en una presencia sonora aterradora en sí misma.

 

 

El éxito de The Omen dio origen a una franquicia de larga duración que incluye secuelas, una nueva versión, una serie de televisión y, más recientemente, la precuela The First Omen del 2024, que explora los eventos que llevaron al nacimiento de Damien y la conspiración que lo rodea.

Sin embargo, ninguna de las entregas posteriores ha logrado replicar por completo el impacto de la primera película. Lo que hizo única a The Omen fue la singular confluencia de un momento histórico, un reparto excepcional, una dirección sobria y una banda sonora de una presencia arrolladora. Es una película que no necesita giros argumentales para inquietar, pues su verdadero poder reside en su atmósfera de inevitabilidad.

 

 

Medio siglo después, Damien Thorn sigue siendo una de las figuras más inquietantes del cine. Pocos clásicos del terror han envejecido con tanta fuerza. The Omen no se siente como una reliquia del pasado, sino como una profecía que nunca dejó de resonar, recordándonos que algunas historias perduran porque abordan miedos que nunca desaparecen del todo.